Testimonio sobre Cajamarca y Proyecto Conga

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Miguel Garnett:

Pasacalle en Paro Cajamarca No a Conga

A LA OPINIÓN PÚBLICA CAJAMARQUINA
Padre Miguel Garnett Johnson

Miguel Garnett
Jr. Santa Apolonia 146,
Cajamarca.
miguelgarnett@yahoo.es

A través de estas líneas, quisiera expresar lo siguiente:

Primero: mi apoyo incondicional al Reverendo Padre Marco Arana Zegarra por su postura clara y bien razonada contra el Proyecto Conga. Sé que ha estudiado la problemática minera a fondo y presenta sus argumentos en forma contundente, con calma y claridad.

Segundo: me llama la atención la opinión de algunas personas expresada desde la capital, diciendo que los cajamarquinos han sido secuestrados por un reducido grupo ideológico. Veo aquí una falsa politización de un problema social. No se trata de ideología, sino de agua. Nadie puede tomar ideología para vivir, pero todos tomamos agua; y es la defensa del agua, no de una ideología, que ha promovido las protestas y el paro en Cajamarca.

Tercero: quisiera felicitar a los organizadores del paro por haber logrado hasta ahora, evitar en general desmanes y actos de violencia; y, a la vez, rechazar el argumento de que hace falta declarar un estado de emergencia en Cajamarca para suprimir la violencia. Si no hay mayor violencia, no hay nada que suprimir.

Cuarto: una pequeña reflexión sobre desarrollo. He leído algunas comunicaciones que dicen que por ignorancia los cajamarquinos están rechazando el desarrollo y los beneficios económicos que traen la minería. Si miramos La Oroya y Cerro de Pasco es un tanto difícil ver cuales son los beneficios; y si tomamos el caso más cercano, de Hualgayoc, vemos que un pueblo que tuvo un boom minero a fines del siglo XVIII, quedaba como uno de los pueblos más pobres y desafortunados del Departamento de Cajamarca. No faltan aquellas personas que dicen que Cajamarca no era nada en cuanto a lo económico antes de la llegada de la Minera Yanacocha y que ahora goza de muchos beneficios económicos. Claro está que algunos ciudadanos sí gozan de ellos, pero ¿al costo de qué? Para la mayoría hay sufrimiento por los resultados de la contaminación ambiental y social, por una ciudad ahora fea, violenta y desordenada, y por la vivienda muy cara, entre otras cosas. Además, ¿por qué se mide el desarrollo principalmente por lo económico? Según lo que nos cuenta la mitología griega, el Rey Midas de Frigia, a quien el dios Dionisio le concedió el poder de convertir en oro todo lo que tocaba, no era exactamente el hombre más feliz que digamos. Para él, el agua y la comida se convertían en oro y así, como se dice vulgarmente, se fregó. Entonces, algunos pensadores son de la opinión de que se debe medir el desarrollo, no por lo económico, sino por la felicidad. En este caso, el país más desarrollado en el mundo es Bután, un pequeño reino budista de solo 47,000 km2 al norte de la India; es decir, un poco más grande que la Región Cajamarca, que cuenta con 33,248 km2. Los recursos económicos de Bután son la agricultura y la ganadería. ¿Suena familiar?

Quinto: el gran historiador británico Arnold Toynbee (1889-1975), en su obra La Humanidad y la Madre Tierra, dice que la agricultura y la crianza del ganado son los inventos humanos más importantes en toda la historia y pueden realizarse sin problemas hasta el fin del mundo, porque son fuentes inagotables de una fecundidad que produce vida. Mientras al contrario, aunque la industria metalúrgica haya elevado el nivel material de la vida humana, ha sido al costo de saquear una materia prima que es irremplazable y que, a la postre, produce la muerte. Además, Toynbee considera que esta industria es la fuente de todo conflicto social.

Finalmente: concluyo con algunas palabras de Cristo: “Eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son las pertenencias que le dan la vida” (Lucas, 12,15) Más bien, “yo he venido para tengan vida y que la tengan en abundancia”. (Juan 10,10). Entonces, si no me equivoco, el agua es vida, pero el oro, no.

Miguel Garnett Johnson,
presbítero y escritor.
DNI 26606222.

Cajamarca, 3 de diciembre de 2011.